(Texto escrito para el Día del Padre. Es una historia real, un momento de mi vida que hasta el día de hoy recuerdo con emoción. Sirve también para que los lectores me conozcan sabiendo que soy un hincha de la UC, y creo, honestamente, que eso no me limita en nada para opinar sobre fútbol y los otros equipos)
Hoy es domingo y no hay fútbol. No hay que estar atento a la previa o como
se hacía antes, buscar la radio para ponerla en la cocina en donde estaban
todos esperando los partidos de cada uno. Y un domingo sin fútbol provoca
nostalgia, como la que siento hoy recordando mi infancia en Huentelauquén.
Mi papá es hincha de la ‘U’. Lo sé desde que tengo uso de razón. Yo, por
algún motivo, me enamoré de la UC apenas nací… él jamás me atacó por eso,
celebraba conmigo los goles del ‘Beto’, del ‘Mumo’ Tupper, o del ‘Coke’
Contreras como si también fuera su equipo.
Cuando cumplí 9 años me sorprendió con un regalo. En una bolsa venía la
camiseta del Pipo Gorosito. O sea, me trajo el equipamiento completo, calcetas
y shorts incluidos. Me los compró en Illapel, en una feria, no eran originales.
Yo no lo podía creer… era lo que más quería en mi vida.
Mi hermano me hizo vestirme altiro y salí de mi pieza muerto de vergüenza…
me dijeron que me fuera a jugar con mis amigos, pero me dio pudor. Me daba
mucho pudor salir a la calle así, vestido como un futbolista de verdad, cuando
yo sólo era un niño que jugaba con los mayores y por eso me tenía que
quedar de lauchero a ver si me quedaba algún rebote y hacía un gol. Yo no era
el Pipo, no iba a ser el que manejaba el partido.
Estuve una semana sin ponerme mi equipo completo hasta que mi hermano me
convenció para salir a jugar así. Fui a la cancha y casi ni toqué la pelota…
pero estaba en éxtasis, sentía que los rivales y compañeros me respetaron como
nunca con mi camiseta número 10 del gran Pipo.
Cuando volví a casa, ya de noche, estaban todos reunidos. Entré y mi hermano
gritó: ¡Llegó el Pipo Gorosito! Y yo me puse a llorar, de emoción. Es verdad,
cuando niño lloraba muy fácilmente. Pero ese era un llanto de agradecimiento,
de humildad… le daba gracias a mi hermano por decirme que era como mi ídolo, y
por sobre todo a mi padre, por hacerme tan feliz allá en Huentelauquén, tan
lejos de todo, tan lejos de San Carlos, que para mí era un templo que pensaba
que nunca podría conocer.
Mi papá en ese momento creo que no imaginó lo que hacía con ese regalo.
Sabía sí que era lo que más quería, lo que más me haría feliz… pero de seguro
nunca imaginó que yo estaría casi 20 años después recordando ese momento.
Este domingo es el día del padre y no sé cómo o dónde encontrar algo que le
devuelva un poco lo que me ha dado. El amor por el fútbol, el amor por la
lectura y esa camiseta número 10 con la franja cruzada…
Es de Perogrullo, pero nunca está demás… así como todos los hinchas
esperamos un gol, nuestros padres o nuestros abuelos de seguro esperan un
‘gracias por todo’ de parte de nosotros, los que amamos el fútbol gracias a que
ellos nos dieron el primer empujoncito…
Háganlo esta semana, abrácense con su padre o abuelo como si fuera el gol de
Chile para ser campeón del Mundo, ese gol que nunca dejaremos de soñar y que si
alguna vez llega, probablemente ya nosotros seremos los abuelos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario