viernes, 22 de julio de 2016

Marcelo Bielsa, sólo él ama tanto el fútbol como ganar

La diferencia de Marcelo Bielsa con la mayoría de los entrenadores, es que él ama de igual manera ‘ganar’ y el 'fútbol’.

Muchos entrenadores, hinchas, e incluso futbolistas, no aman el fútbol, sólo lo quieren, es lo que más les gusta, o hasta -mediocremente- lo que mejor se les da.

Amar algo es dotarlo de belleza, querer llevarlo a un plano superior, hacerlo trascender, utilizarlo como motor de inspiración, y en el caso del fútbol, competir, ojalá al más alto nivel y tratar de ganar, de ganar siempre. Esa es la aspiración máxima.

Bielsa ama tanto ganar que trabaja de manera obsesiva todas las variables que puedan influir en el juego, y ama tanto el fútbol, que la única forma  en que concibe el triunfo es utilizando los recursos más nobles que este deporte tiene, y que en el comienzo de los tiempos nos enamoró a cada uno.

El ‘amor a primera vista’, que normalmente nos produce el fútbol, se da por la rebeldía de buscar el balón para atacar,  de juntarse con un compañero para hablar el mismo idioma y empezar a hilvanar movimientos y pases para anotar en el arco rival, y una vez que lo logramos, sólo pensamos en hacerlo de nuevo, ojalá muchas veces, y cuando llega la hora de defendernos, todos nos entregamos genuinamente en la tarea.

Si nos tocaba perder, esperábamos con ansias que llegara el día siguiente para entrar a luchar con más ganas por el dominio del balón, por pasarle por encima al rival, y por fin ¡Poder ganar!

Eso es Bielsa. Él conserva el amor genuino por el balompié. Lo ama por sobre todas las cosas. Y lo único que ama de igual forma es ganar.

El resto sólo ama triunfar, sólo eso los satisface, y van por ello aunque le falten el respeto al fútbol, aunque se menosprecien a sí mismos e ignoren al niño que alguna vez fueron y que sólo quería disfrutar del juego.


La gran diferencia de Bielsa con la mayoría de los entrenadores, es que él vive por el fútbol porque lo ama, porque no concibe este mundo sin enaltecer  aún más el deporte que le recorre por las venas y  lo acompaña día a día, estoy seguro, de la misma manera en la que se enamoró a primera vista, en alguna callecita de Rosario. 


Luis Fabián Jopia
Alumno Entrenador de Fútbol Profesional, INAF.
@JopiaGuerra

miércoles, 15 de junio de 2016

Así le podemos ganar a México

Chile se enfrenta al que es, hasta ahora, el mejor equipo de la Copa, un eterno dolor de cabeza para nuestra selección, y que debido al bajo nivel del equipo de Pizzi, más un preocupante bajón en el rendimiento de Claudio Bravo, nos genera un escenario de pesimismo que pareciera sólo sostenerse en la ilusión del hincha, pero no es así. Podemos tener argumentos para pensar en clasificarnos sólo desde una visión futbolística.

Gary Medel debe ser titular como mediocampista central defensivo, porque eso generaría superioridad numérica sobre el mediocampo mexicano. Jugar con igualdad nos perjudica, ya que nosotros no tenemos recuperación de balón si no es dentro de un sistema integrado que hoy no existe. Con Medel ganamos recuperación, otro hombre más para el primer balón desde la defensa y permitimos que Vidal se adelante, para que sea el primer volante que haga pressing sobre el mediocampista central mexicano, y además sirva como desahogo (pases largos, pases altos) para Díaz o Medel, en caso de pressing alto mexicano (que es lo más probable).

Sí, es verdad, permitimos que los laterales mexicanos puedan subir sin gran oposición para intentar doblar por banda, o aumentar el dominio posicional, pero eso no nos perjudicaría si estamos con una correcta concentración defensiva, y lo podríamos aprovechar para los piques diagonales de Alexis y Vargas (parecido a como con Argentina).

Chile ha dado grandes muestras de, a partir de la contención en la zona central, poder enfrentarse sin inferioridad a rivales de gran calidad, como Argentina en la final de la Copa América, o Brasil en los octavos de final del Mundial 2010, tal como se lo hizo Holanda a la Roja en la fase de grupos.

Un triángulo de hierro, formado por Medel, Aránguiz y Díaz, permitirá no pasar zozobras por la zona central. Vidal será nuestra carta que genere superioridad en faceta defensiva y ofensiva, y Alexis y Vargas, al tener libertad de movimiento, podrán ganar las espaldas de laterales que claramente subirán, y con sus diagonales también otorgarán oxigenación a la presión alta de los de Osorio (pases largos de Díaz, Jara, Medel).

Todo esto, más la poderosa mentalidad competitiva que caracteriza a este plantel (5 torneos de alto nivel), y la correcta activación mental de Bravo para el partido, nos dejará muy cerca de la clasificación a semifinales.

viernes, 6 de mayo de 2016

¿Por qué lloramos tanto con este título los hinchas de Católica?

Con todo el respeto que me merecen esos equipos, no somos Cobresal, no somos O’Higgins. Todos los hinchas cruzados jóvenes y adultos de  hoy ya habíamos sido campeones por lo menos un par de veces en nuestras vidas, pero ¿por qué este título fue tan especial? ¿Por qué nos hizo llorar?

Desde mi más temprana infancia yo me recuerdo llorando por Católica. Incluso antes de ese maldito gol de Mardones en El Salvador ya había soltado algunas lágrimas por derrotas que allá en mi Huente querido me hacían derrumbar ese pequeño mundo que tenía.

El 2002, en un partido que Católica le ganó 7 a 0 a Cobresal, con mi primo hinchábamos por el poco comprendido Segovia. Cuando ‘El flaco’ hizo el séptimo gol en los descuentos, lo gritamos tanto que nos emocionamos un poco. Creo que fue la primera vez que solté una lágrima de felicidad por la UC.

Ya estando grande, en la universidad, la Unión Española me hizo llorar 2 veces de rabia, de impotencia, pero nada comparado al 2011, donde creo que no me salió ninguna lágrima, pero era un dolor tan grande, tan inmenso, que mi alma lloró por varias semanas.

Odié el fútbol por mucho tiempo. No quería saber nada, tanto que casi renuncio a mi pega.
Desde ahí, lo sabemos muy bien, comenzó una seguidilla de sufrimientos y frustraciones que sólo los que amamos con todo lo que tenemos a la UC podemos empatizar.

Era increíble. Pasaba todo, todo lo que podía ocurrir en el universo para dejarnos con el grito en la garganta, con el cuerpo lleno de dolor, de esperanza destruida.

Yo, en mi fuero íntimo, agradecía ser un adulto y estar en Santiago, y no un niño en Huentelauquén para soportar con mayor calma estos embates que nos daba el fútbol.

El fútbol nos hizo mierda por 5 años.

Cuando el equipo del Comandante perdió en San Luis yo me fui a la cresta. Mi esperanza murió nuevamente. Esa noche me costó quedarme dormido y empecé a despotricar por redes sociales y con quien conversara.

El sábado, cuando hizo el gol Fuenzalida, quedé para dentro. Empecé a caminar de aquí para allá y no vi más el partido, sólo escuchaba.

Tenía las manos en la cara y sólo quería que el partido de Católica terminara. Cuando acabó en San Carlos me puse a llorar un poco. Tanta tensión soltada por un silbato final que nos dejó a todos atentos a lo que pasaba en Rancagua.

Yo me decía: “esto no puede estar pasando, no puede ser que hace 10’ teníamos todo perdido y ahora estemos siendo campeones”.

Estaba esperando el gol de O’Higgins. Algún pelotazo largo que no sacara la defensa y Bulos  o algún central la metiera al arco y ojalá ahí terminara rápido para poder ir a un desempate, aunque también tenía el temor que los de Rancagua de inmediato hicieron el tercero y fueran campeones.
¡Pero no pasó nada de eso! El partido se terminó en El Teniente y fuimos campeones.

De repente decían en televisión que Católica era el nuevo campeón del fútbol chileno, y los jugadores saltaban en la cancha, se abrazaban, festejaban.

Yo no aguanté más la emoción y me puse a llorar como un niño de 10 años. Lloraba y lloraba. Me acordé de todo. De mi familia, de Huente, de las burlas, del partido que le ganamos a la U, de los sufrimientos recientes.

¿Por qué tantos cruzados lloramos con este título?

Creo que porque fue un desahogo, fue un grito de justicia, eran lágrimas de honor, de haber resistido hidalgamente años tan difíciles.

El fútbol nos hizo mierda por 5 años y aún así no dejamos de soñar, de tener esperanza, de amar! De amar al club que llevamos en el alma.

De celebrar este título tal vez yo no soy tan digno, fui un mal hincha, sin confianza, despotricando ante la primera caída, pero mis hermanos cruzados, esos que fueron al estadio el sábado lo merecen todo. Ellos merecían más que nadie llorar de felicidad, pues en sus gritos estuvo la victoria del sábado y en ellos se trasladó por 5 años un espíritu de rebeldía que permitió superar un camino de fantasmas que no cualquiera cruza.

Hace 6 días fuimos campeones, y no hay noche en que no trate de transportarme al momento en que el Chapa hizo el gol y comenzó esa espera infinita que terminó con uno de los llantos más felices de mi vida.

Cuántas veces escribí acá emputecido, pero hoy no, hoy estoy orgulloso y feliz.


¡Por fin somos campeones la conch$%$&·!

@JopiaGuerra


jueves, 21 de abril de 2016

Carta a mi ahijado: Hincha cruzado desde el momento de nacer

Cuando el Tatán, mi primo hermano -hermano sobre todo- me dijo que iba a ser papá, yo quedé un rato sin palabras, sin saber qué decir, pero a los minutos se me dibujó una sonrisa en la cara: ¡Otro cruzado viene en camino!

Y luego cuando me dijo que quería que yo fuera el padrino, de inmediato supe que tenía una misión, así que hice lo que me hubiese gustado que hiciera mi padrino al momento de mi nacimiento: ¡Lo convertí de inmediato en socio cruzado!

Nachito, tu padre y yo elegimos desde antes que nacieras el equipo del que serías hincha.

No tienes conciencia todavía, pero eres un cruzado, un cruzado de corazón. Por tus venas corre la historia de nuestro equipo, llevas en tu sonrisa los momentos más lindos que este club nos ha dado, y en algún lugar de tu corazón se está formando esa energía que te permitirá, en algún instante, salir de los momentos más tristes  y dolorosos que como hincha de este equipo te van a tocar vivir.

Sólo los verás por videos, pero mientras tú eres un bebé, en el mundo hay un cruzado que nos llena de orgullo: su nombre es Gary Medel. Tenemos además un equipo lleno de formados en casa que representan el espíritu de lo que ha sido siempre Católica, una juventud impetuosa, valórica (no religiosa, necesariamente) y llena de deportividad.

Somos Católica. Tú, tu padre y yo somos parte de la misma historia. De la misma que comenzó don Sergio Livingstone, continuó don Tito Foullioux, se traspasó a Ignacio Prieto, Mario Lepe y Raimundo Tupper, y que hoy llevan Toselli, Castillo, Magnasco, Manzano, Jeisson y se seguirá perpetuando, porque somos gigantes, somos infinitos.

Cuando seas grande, estoy seguro, nos agradecerás por hacerte cruzado desde antes que vieras el mundo por primera vez.

Nachito, hoy estamos de cumpleaños. Católica hoy cumple oficialmente 80 años, pero como descubrirás después, la historia es mucho más larga.

Cuando ya no estemos, y tú seas el encargado de perpetuar el amor a Universidad Católica en nuestra familia, sé que sabrás cumplir con tu deber.

De a poco comienzas a descubrir Católica, ya reconoces la insignia y pronto ya gritarás tu primer gol.

Te amo nachito, eres un regalo que nos llegó sin esperarlo, y ojalá pronto, muy pronto, nos estemos abrazando y te esté diciendo al oído: “¡somos campeones! Aún no tienes ni tres años y ya eres campeón, ¡mira el futuro que nos espera!”.




domingo, 6 de diciembre de 2015

Los 3 grandes errores de Mario Salas que propiciaron este fracaso

Mario Salas llegó  en un momento en que Católica estaba prácticamente muerta producto del nefasto paso de Falcioni por nuestra banca - tal vez el semestre más feo que hayamos tenido en los últimas cuatro décadas, por resultados, juego, idea que representaba, etc.-.

Salas trajo consigo un discurso y un actuar lleno de rebeldía, que contagió de inmediato, nos sacó del hoyo en el que estábamos y nos llevó del peor semestre de muchas generaciones a pelear el título, pero fallamos, aunque él prácticamente no tenía mayor culpa en eso, salvo el aceptar la llegada de refuerzos mediocres cuando sólo estaba la posibilidad de traer 3 jugadores. ¡Pablo Álvarez y Walter Ibáñez fueron 2 de los refuerzos cuando sólo estaba la posibilidad de traer 3! ¡Qué asquerosidad!

Este era su segundo semestre, y tenía muchas más responsabilidades a sus espaldas, empezando por armar un plantel que potenciara su modelo de juego y le diera ese toque de categoría que faltó para alcanzar el título perdido recientemente, pero acá comienzan sus grandes errores.

Mal armado del plantel:
Salas eligió todos los jugadores que solucionarían los problemas anteriores y aportarían para dar ese salto cualitativo que se necesitaba, pero de los que llegaron sólo César Fuentes tuvo un buen nivel en el semestre, mientras que Espinoza desapareció del equipo a mitad de campeonato. Medel, Espinosa y Lanaro terminaron jugando, aunque injustamente. Bravo fue banca y no aportó nunca nada.

Mala elección de los jugadores: Va de la mano con el grosero error anterior. Ya la había cagado bien feo trayendo a jugadores tan malos, pero lo peor fue la tozudez que mostró en la recta final del torneo, donde no premió el destacado nivel de Maripán y Diego Rojas, en favor de Lanaro y Espinosa, quienes a pesar de su constante bajo nivel, se ganaron la titularidad para los partidos más importantes, donde no respondieron. 

Esto era tan evidente que no queda más que pensar que Salas eligió el camino de la tozudez de usar a los jugadores que él trajo, sólo por haberlos traído él, repitiendo un vicio que han mostrado muchos dt’s mediocres de la historia de nuestro fútbol. Hasta ahí dos aspectos ya muy negativos para un entrenador en el que estaban depositadas muchas esperanzas.

La falta de un sistema táctico alternativo: Este es el tercer gran error de Salas y tiene que ver plenamente con el aspecto futbolístico. Es conocido que el ‘comandante’ juega con un 4-2-3-1 y que ante la ausencia de jugadores de categoría, en los partidos más difíciles no era fácil abrir la cuenta. 

Ante este escenario era fundamental tener un sistema de juego alternativo, pero Salas siempre apeló a un improvisado 4-2-4, que no estaba para nada trabajado y se demostró cada vez que lo utilizó, como en el partido ante Audax Italiano donde a partir del juego colectivo no se lograron generar claras opciones de gol.

Finalmente, es indudable que el proyecto de Mario Salas goza de credibilidad y es fácil pensar que solucionando algunos de estos errores Católica podría ser campeón. Es más,  por el fondo futbolístico enseñado por la UC en gran parte de estas campañas y por la idea que mueve al equipo, incluso Salas merecería seguir en el club, pero después de 4 torneos desperdiciados: 2 campeonatos nacionales, una Copa Chile y una Sudamericana, estos errores se transforman en gravísimos.

Con el dolor de mi alma, habiendo puesto toda mi esperanza en Mario Salas y confiando siempre en que sortearía todas las dificultades del camino, no me esperaba estos errores tan repetitivos y tan propios de los malos entrenadores, por lo que para mí es definitivo que debe abandonar el club.

En Católica esto es inadmisible.


Hoy nuevamente somos el hazmerreír del fútbol chileno, y lo merecemos. Hoy Colo Colo fue campeón sin jugar! Sin jugar! Y todo por la mediocridad del plantel que armó Mario Salas y sus otros dos grandes errores.

Discutámoslo en Twitter @JopiaGuerra


lunes, 9 de noviembre de 2015

El mal de Lasarte: las contradicciones tácticas que hacen fracasar un modelo de juego

Martín Lasarte ha tenido a su disposición tanto en U. Católica como en la ‘U’ los mejores planteles de cada torneo que le tocó disputar. Y si bien el registro estadístico dice que en general le fue bien, ganando un título y disputando otro par hasta el último segundo, también tuvo campañas horrendas, como la actual o la primera con Católica ¡donde no logró clasificar a playoffs!

No obstante, si hay un factor común en cada una de sus campañas, es el poco fondo futbolístico que le entrega a sus equipos; es decir, la poca capacidad de tener una manera de jugar que le permita predominar en el partido y a partir de ahí quedarse con la victoria.

Los mejores pasajes de sus equipos se veían tras una presión alta y un ataque realizado por una gran cantidad de jugadores por las bandas. En la U. de Chile campeón ganó esa primera parte del torneo sacando clara ventaja en los primeros tiempos y aprovechando la efectividad que le daba tener los mejores delanteros del campeonato, tal como ocurrió con Católica.

Pero el buen nivel de los equipos de Lasarte no se mantienen en el tiempo ni en el mismo partido, no duran más de 10 fechas. Esa misma ‘U’ luego se terminó titulando campeón sacando provecho del ataque directo, pelotazo a Canales y lo antes mencionado, ese poder de gol que en la UC tuvo con Sosa y Castillo (y así y todo no le alcanzó).

Lasarte es un (muy buen) entrenador eminentemente defensivo. Su gran capacidad se ve cuando debe liderar un equipo débil ante adversarios mucho más poderosos, pero acá en Chile le ha tocado estar en la vereda contrario, ha tenido que dirigir equipos que están obligados a protagonizar, y él, en su honestidad brutal, lo ha entendido, renunciando a su esencia y adaptándose a lo que le exige la tradición del club, no como lo hicieron Pelusso, Markarián o Falcioni, por ejemplo.

Entonces acá es cuando aparece la explicación de por qué Lasarte, siendo buen DT, teniendo los mejores jugadores y entendiendo la identidad del club, no logra armar un equipo con un modelo de juego claro y exitoso en la ejecución. Es la contradicción táctica. Lasarte, como buen DT defensivo, no puede dejar atrás todas esas reticencias que genera el riesgo de un equipo ofensivo.

Cuando se quiere tener un modelo de juego que involucre una presión alta, casi constante, con participación de un alto número de agentes en faceta ofensiva, pero al mismo tiempo existe una contradicción ideológica que se traspasa a los jugadores, y que se relaciona al excesivo temor al desorden defensivo, a quedar mal parados, se genera una confusión táctica que hace que los jugadores no ganen ni en identidad ni convencimiento, y que, aunque esté en el área rival con muchos jugadores, sus ataques sean muy previsibles.

El mal de Lasarte tiene que ver con esto: “El exceso de 'orden' en la organización ofensiva no es más que una forma para asegurar el orden en la organización defensiva”.  Lo que quiere decir que por más que un entrenador busque ser ‘ofensivo’, no va a lograr ser eficiente en este aspecto si tiene  incorporados (y le incorpora a sus jugadores) principios estrictamente ligados a otro modelo de juego.

Dicho de otro modo: no se puede querer ser ofensivo, presionar en área rival, trasladar varios agente a la ofensiva, si luego tus jugadores tendrán el temor a dejar posiciones, a realizar desmarques profundos, pensando en que deben estar preocupados de sus funciones defensivas.  

Esta contradicción eminentemente ideológica es la que trunca esa honesta intención de Lasarte de buscar armar equipos ofensivos, y que, en definitiva, lo hace fracasar en aquella tarea.

Darle identidad a tu equipo a través del modelo de juego, generarle convicciones inquebrantables en las sutilezas y profundidades tácticas es el camino al éxito, y justamente, es lo que no logra hacer Lasarte por lo antes mencionado. 

domingo, 18 de octubre de 2015

La vida de un hincha cruzado

El sábado 17 cumplí 30 años. Y como la mayoría de las personas, he pasado por momentos desde muy buenos hasta muy malos, y en mi caso, la Católica ha ocupado un papel preponderante en muchos de ellos, especialmente durante mi niñez.

Crecí en el pueblo de Huentelauquén, en plena década de los 90’s. El fútbol y la UC ocupaban el 89% de mi vida individual, pero no había mucha competencia tampoco. Hasta los 20 años había ido una vez al cine, a los 18, cuando llegué a estudiar Periodismo a Viña, cumplí mi sueño de ver jugar a Católica en el estadio (perdimos 2-0 con Everton…era el equipo de Garré) y a los 21 pude visitar San Carlos (goleamos 4-1 a O’Higgins…era el equipo del Chemo Del Solar).

Nunca tuve dinero para los juguetes de moda, no existía internet, en Huente no habían videojuegos y todo llegaba atrasado o nunca llegaba, así que no era tan extraño que me obsesionara por una sola cosa. Cada vez que mis padres o hermana viajaban a Ovalle, Illapel, Viña del Mar o Santiago, yo le encargaba un casette de la barra de Católica (un amigo tenía uno de la U, así que yo asumía que existía uno de Católica), un póster, por último un llavero o alguna revista para leer sobre mi equipo. Sólo llegaba la revista.

El acceso a mi pasión  era escaso, incluso ver los partidos por televisión hasta los 14 años, cuando llega Sky, era prácticamente imposible, por eso recuerdo con tanta amargura (y cariño, ¿puede ser?) esos relatos por la radio donde escuchaba que nos saqueaban, nos perdíamos goles y terminábamos cediendo títulos y clásicos al final del año. Crecí con una intolerancia a la frustración que limita con la locura.

Hasta el día de hoy en Huente me siguen preguntando: “¿Cuántas cosas rompiste en tu casa con la última derrota?”.

Ahora que vivo con mi polola ha sido una complicación y he tratado de ir mejorando, especialmente porque tengo ahijados pequeños y no quiero ser un mal ejemplo para ellos, y he entendido que las personas a mi alrededor no tienen por qué pasarlo mal durante 90 minutos por mi culpa (o de la UC).

Siento que mi historia representa a muchos cruzados, no necesariamente (sin discriminar) a esos que tuvieron la suerte de crecer en lugares acomodados o con cercanía a Santiago, pero sí a la gran mayoría de hinchas de regiones,  que su primer título fue el del 97, que han derramado lágrimas por culpa de la U, de Pablo Pozo, de Unión Española, o incluso de Lasarte, siendo ya un profesional que puede acceder a todo lo que no pudo en su infancia.

Mi historia puede representar a un determinado grupo, pero en esencia, es la historia de un hincha cruzado como cualquiera que ama realmente al club. Que lo lleva en la sangre, que sueña con verlo algún día ¡por fin! ser campeón de la Libertadores o tricampeón nacional.

Es eso lo que soñamos, es eso lo que queremos. Queremos que todos los sufrimientos futbolísticos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida por fin cobren sentido, ¿Cómo mierda no va a poder ser posible eso? ¿Cómo mierda vamos a ser siempre los que cagan, lo que pierden, los que lloran?
¿Y qué merece el hincha de Católica? ¿Merecemos más que Rangers, que nunca ha sido campeón? ¿Más que Magallanes, Curicó o Everton?

Sería egoísta decir que sí. Tal vez desde fuera es fácil analizar las cosas con frialdad y apelar a que somos afortunados dentro del gran espectro de hinchas nacionales, puede ser.

Sin embargo, voy a ser egoísta. Siento que el hincha de Católica merece todo, merece ser tricampeón y ganar la Libertadores. Merece ganarle a la U una definición remontando un 3 a 0, o ganarle la final a Colo Colo con Toselli atajándole un penal en el último minuto a Paredes.

Cuando todos los que algo pueden hacer entiendan que el hincha, ¡EL HINCHA PRINCIPALMENTE! se merece esto y mucho más, ahí recién creo que se podrá hacer un poco de justicia con nosotros.

Déjenme decirles -pues esto me permite afrontar con paciencia y fervor las largas jornadas de trabajo y clases- que les prometo que no descansaré para poder llegar a ser entrenador de Católica en unos 12 años más, con preparación de excelencia, y por fin, poder ganar todo lo que nos merecemos.


Ahora los invito a seguir con la ardiente paciencia de esperar el presente que nos merecemos.