domingo, 18 de octubre de 2015

La vida de un hincha cruzado

El sábado 17 cumplí 30 años. Y como la mayoría de las personas, he pasado por momentos desde muy buenos hasta muy malos, y en mi caso, la Católica ha ocupado un papel preponderante en muchos de ellos, especialmente durante mi niñez.

Crecí en el pueblo de Huentelauquén, en plena década de los 90’s. El fútbol y la UC ocupaban el 89% de mi vida individual, pero no había mucha competencia tampoco. Hasta los 20 años había ido una vez al cine, a los 18, cuando llegué a estudiar Periodismo a Viña, cumplí mi sueño de ver jugar a Católica en el estadio (perdimos 2-0 con Everton…era el equipo de Garré) y a los 21 pude visitar San Carlos (goleamos 4-1 a O’Higgins…era el equipo del Chemo Del Solar).

Nunca tuve dinero para los juguetes de moda, no existía internet, en Huente no habían videojuegos y todo llegaba atrasado o nunca llegaba, así que no era tan extraño que me obsesionara por una sola cosa. Cada vez que mis padres o hermana viajaban a Ovalle, Illapel, Viña del Mar o Santiago, yo le encargaba un casette de la barra de Católica (un amigo tenía uno de la U, así que yo asumía que existía uno de Católica), un póster, por último un llavero o alguna revista para leer sobre mi equipo. Sólo llegaba la revista.

El acceso a mi pasión  era escaso, incluso ver los partidos por televisión hasta los 14 años, cuando llega Sky, era prácticamente imposible, por eso recuerdo con tanta amargura (y cariño, ¿puede ser?) esos relatos por la radio donde escuchaba que nos saqueaban, nos perdíamos goles y terminábamos cediendo títulos y clásicos al final del año. Crecí con una intolerancia a la frustración que limita con la locura.

Hasta el día de hoy en Huente me siguen preguntando: “¿Cuántas cosas rompiste en tu casa con la última derrota?”.

Ahora que vivo con mi polola ha sido una complicación y he tratado de ir mejorando, especialmente porque tengo ahijados pequeños y no quiero ser un mal ejemplo para ellos, y he entendido que las personas a mi alrededor no tienen por qué pasarlo mal durante 90 minutos por mi culpa (o de la UC).

Siento que mi historia representa a muchos cruzados, no necesariamente (sin discriminar) a esos que tuvieron la suerte de crecer en lugares acomodados o con cercanía a Santiago, pero sí a la gran mayoría de hinchas de regiones,  que su primer título fue el del 97, que han derramado lágrimas por culpa de la U, de Pablo Pozo, de Unión Española, o incluso de Lasarte, siendo ya un profesional que puede acceder a todo lo que no pudo en su infancia.

Mi historia puede representar a un determinado grupo, pero en esencia, es la historia de un hincha cruzado como cualquiera que ama realmente al club. Que lo lleva en la sangre, que sueña con verlo algún día ¡por fin! ser campeón de la Libertadores o tricampeón nacional.

Es eso lo que soñamos, es eso lo que queremos. Queremos que todos los sufrimientos futbolísticos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida por fin cobren sentido, ¿Cómo mierda no va a poder ser posible eso? ¿Cómo mierda vamos a ser siempre los que cagan, lo que pierden, los que lloran?
¿Y qué merece el hincha de Católica? ¿Merecemos más que Rangers, que nunca ha sido campeón? ¿Más que Magallanes, Curicó o Everton?

Sería egoísta decir que sí. Tal vez desde fuera es fácil analizar las cosas con frialdad y apelar a que somos afortunados dentro del gran espectro de hinchas nacionales, puede ser.

Sin embargo, voy a ser egoísta. Siento que el hincha de Católica merece todo, merece ser tricampeón y ganar la Libertadores. Merece ganarle a la U una definición remontando un 3 a 0, o ganarle la final a Colo Colo con Toselli atajándole un penal en el último minuto a Paredes.

Cuando todos los que algo pueden hacer entiendan que el hincha, ¡EL HINCHA PRINCIPALMENTE! se merece esto y mucho más, ahí recién creo que se podrá hacer un poco de justicia con nosotros.

Déjenme decirles -pues esto me permite afrontar con paciencia y fervor las largas jornadas de trabajo y clases- que les prometo que no descansaré para poder llegar a ser entrenador de Católica en unos 12 años más, con preparación de excelencia, y por fin, poder ganar todo lo que nos merecemos.


Ahora los invito a seguir con la ardiente paciencia de esperar el presente que nos merecemos. 

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