lunes, 9 de noviembre de 2015

El mal de Lasarte: las contradicciones tácticas que hacen fracasar un modelo de juego

Martín Lasarte ha tenido a su disposición tanto en U. Católica como en la ‘U’ los mejores planteles de cada torneo que le tocó disputar. Y si bien el registro estadístico dice que en general le fue bien, ganando un título y disputando otro par hasta el último segundo, también tuvo campañas horrendas, como la actual o la primera con Católica ¡donde no logró clasificar a playoffs!

No obstante, si hay un factor común en cada una de sus campañas, es el poco fondo futbolístico que le entrega a sus equipos; es decir, la poca capacidad de tener una manera de jugar que le permita predominar en el partido y a partir de ahí quedarse con la victoria.

Los mejores pasajes de sus equipos se veían tras una presión alta y un ataque realizado por una gran cantidad de jugadores por las bandas. En la U. de Chile campeón ganó esa primera parte del torneo sacando clara ventaja en los primeros tiempos y aprovechando la efectividad que le daba tener los mejores delanteros del campeonato, tal como ocurrió con Católica.

Pero el buen nivel de los equipos de Lasarte no se mantienen en el tiempo ni en el mismo partido, no duran más de 10 fechas. Esa misma ‘U’ luego se terminó titulando campeón sacando provecho del ataque directo, pelotazo a Canales y lo antes mencionado, ese poder de gol que en la UC tuvo con Sosa y Castillo (y así y todo no le alcanzó).

Lasarte es un (muy buen) entrenador eminentemente defensivo. Su gran capacidad se ve cuando debe liderar un equipo débil ante adversarios mucho más poderosos, pero acá en Chile le ha tocado estar en la vereda contrario, ha tenido que dirigir equipos que están obligados a protagonizar, y él, en su honestidad brutal, lo ha entendido, renunciando a su esencia y adaptándose a lo que le exige la tradición del club, no como lo hicieron Pelusso, Markarián o Falcioni, por ejemplo.

Entonces acá es cuando aparece la explicación de por qué Lasarte, siendo buen DT, teniendo los mejores jugadores y entendiendo la identidad del club, no logra armar un equipo con un modelo de juego claro y exitoso en la ejecución. Es la contradicción táctica. Lasarte, como buen DT defensivo, no puede dejar atrás todas esas reticencias que genera el riesgo de un equipo ofensivo.

Cuando se quiere tener un modelo de juego que involucre una presión alta, casi constante, con participación de un alto número de agentes en faceta ofensiva, pero al mismo tiempo existe una contradicción ideológica que se traspasa a los jugadores, y que se relaciona al excesivo temor al desorden defensivo, a quedar mal parados, se genera una confusión táctica que hace que los jugadores no ganen ni en identidad ni convencimiento, y que, aunque esté en el área rival con muchos jugadores, sus ataques sean muy previsibles.

El mal de Lasarte tiene que ver con esto: “El exceso de 'orden' en la organización ofensiva no es más que una forma para asegurar el orden en la organización defensiva”.  Lo que quiere decir que por más que un entrenador busque ser ‘ofensivo’, no va a lograr ser eficiente en este aspecto si tiene  incorporados (y le incorpora a sus jugadores) principios estrictamente ligados a otro modelo de juego.

Dicho de otro modo: no se puede querer ser ofensivo, presionar en área rival, trasladar varios agente a la ofensiva, si luego tus jugadores tendrán el temor a dejar posiciones, a realizar desmarques profundos, pensando en que deben estar preocupados de sus funciones defensivas.  

Esta contradicción eminentemente ideológica es la que trunca esa honesta intención de Lasarte de buscar armar equipos ofensivos, y que, en definitiva, lo hace fracasar en aquella tarea.

Darle identidad a tu equipo a través del modelo de juego, generarle convicciones inquebrantables en las sutilezas y profundidades tácticas es el camino al éxito, y justamente, es lo que no logra hacer Lasarte por lo antes mencionado. 

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