viernes, 6 de mayo de 2016

¿Por qué lloramos tanto con este título los hinchas de Católica?

Con todo el respeto que me merecen esos equipos, no somos Cobresal, no somos O’Higgins. Todos los hinchas cruzados jóvenes y adultos de  hoy ya habíamos sido campeones por lo menos un par de veces en nuestras vidas, pero ¿por qué este título fue tan especial? ¿Por qué nos hizo llorar?

Desde mi más temprana infancia yo me recuerdo llorando por Católica. Incluso antes de ese maldito gol de Mardones en El Salvador ya había soltado algunas lágrimas por derrotas que allá en mi Huente querido me hacían derrumbar ese pequeño mundo que tenía.

El 2002, en un partido que Católica le ganó 7 a 0 a Cobresal, con mi primo hinchábamos por el poco comprendido Segovia. Cuando ‘El flaco’ hizo el séptimo gol en los descuentos, lo gritamos tanto que nos emocionamos un poco. Creo que fue la primera vez que solté una lágrima de felicidad por la UC.

Ya estando grande, en la universidad, la Unión Española me hizo llorar 2 veces de rabia, de impotencia, pero nada comparado al 2011, donde creo que no me salió ninguna lágrima, pero era un dolor tan grande, tan inmenso, que mi alma lloró por varias semanas.

Odié el fútbol por mucho tiempo. No quería saber nada, tanto que casi renuncio a mi pega.
Desde ahí, lo sabemos muy bien, comenzó una seguidilla de sufrimientos y frustraciones que sólo los que amamos con todo lo que tenemos a la UC podemos empatizar.

Era increíble. Pasaba todo, todo lo que podía ocurrir en el universo para dejarnos con el grito en la garganta, con el cuerpo lleno de dolor, de esperanza destruida.

Yo, en mi fuero íntimo, agradecía ser un adulto y estar en Santiago, y no un niño en Huentelauquén para soportar con mayor calma estos embates que nos daba el fútbol.

El fútbol nos hizo mierda por 5 años.

Cuando el equipo del Comandante perdió en San Luis yo me fui a la cresta. Mi esperanza murió nuevamente. Esa noche me costó quedarme dormido y empecé a despotricar por redes sociales y con quien conversara.

El sábado, cuando hizo el gol Fuenzalida, quedé para dentro. Empecé a caminar de aquí para allá y no vi más el partido, sólo escuchaba.

Tenía las manos en la cara y sólo quería que el partido de Católica terminara. Cuando acabó en San Carlos me puse a llorar un poco. Tanta tensión soltada por un silbato final que nos dejó a todos atentos a lo que pasaba en Rancagua.

Yo me decía: “esto no puede estar pasando, no puede ser que hace 10’ teníamos todo perdido y ahora estemos siendo campeones”.

Estaba esperando el gol de O’Higgins. Algún pelotazo largo que no sacara la defensa y Bulos  o algún central la metiera al arco y ojalá ahí terminara rápido para poder ir a un desempate, aunque también tenía el temor que los de Rancagua de inmediato hicieron el tercero y fueran campeones.
¡Pero no pasó nada de eso! El partido se terminó en El Teniente y fuimos campeones.

De repente decían en televisión que Católica era el nuevo campeón del fútbol chileno, y los jugadores saltaban en la cancha, se abrazaban, festejaban.

Yo no aguanté más la emoción y me puse a llorar como un niño de 10 años. Lloraba y lloraba. Me acordé de todo. De mi familia, de Huente, de las burlas, del partido que le ganamos a la U, de los sufrimientos recientes.

¿Por qué tantos cruzados lloramos con este título?

Creo que porque fue un desahogo, fue un grito de justicia, eran lágrimas de honor, de haber resistido hidalgamente años tan difíciles.

El fútbol nos hizo mierda por 5 años y aún así no dejamos de soñar, de tener esperanza, de amar! De amar al club que llevamos en el alma.

De celebrar este título tal vez yo no soy tan digno, fui un mal hincha, sin confianza, despotricando ante la primera caída, pero mis hermanos cruzados, esos que fueron al estadio el sábado lo merecen todo. Ellos merecían más que nadie llorar de felicidad, pues en sus gritos estuvo la victoria del sábado y en ellos se trasladó por 5 años un espíritu de rebeldía que permitió superar un camino de fantasmas que no cualquiera cruza.

Hace 6 días fuimos campeones, y no hay noche en que no trate de transportarme al momento en que el Chapa hizo el gol y comenzó esa espera infinita que terminó con uno de los llantos más felices de mi vida.

Cuántas veces escribí acá emputecido, pero hoy no, hoy estoy orgulloso y feliz.


¡Por fin somos campeones la conch$%$&·!

@JopiaGuerra


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