Con todo el
respeto que me merecen esos equipos, no somos Cobresal, no somos O’Higgins.
Todos los hinchas cruzados jóvenes y adultos de hoy ya habíamos sido campeones por lo menos un
par de veces en nuestras vidas, pero ¿por qué este título fue tan especial?
¿Por qué nos hizo llorar?
Desde mi más
temprana infancia yo me recuerdo llorando por Católica. Incluso antes de ese
maldito gol de Mardones en El Salvador ya había soltado algunas lágrimas por
derrotas que allá en mi Huente querido me hacían derrumbar ese pequeño mundo
que tenía.
El 2002, en un
partido que Católica le ganó 7 a 0 a Cobresal, con mi primo hinchábamos por el poco
comprendido Segovia. Cuando ‘El flaco’ hizo el séptimo gol en los descuentos,
lo gritamos tanto que nos emocionamos un poco. Creo que fue la primera vez que
solté una lágrima de felicidad por la UC.
Ya estando
grande, en la universidad, la Unión Española me hizo llorar 2 veces de rabia,
de impotencia, pero nada comparado al 2011, donde creo que no me salió ninguna
lágrima, pero era un dolor tan grande, tan inmenso, que mi alma lloró por
varias semanas.
Odié el fútbol
por mucho tiempo. No quería saber nada, tanto que casi renuncio a mi pega.
Desde ahí, lo
sabemos muy bien, comenzó una seguidilla de sufrimientos y frustraciones que
sólo los que amamos con todo lo que tenemos a la UC podemos empatizar.
Era increíble.
Pasaba todo, todo lo que podía ocurrir en el universo para dejarnos con el
grito en la garganta, con el cuerpo lleno de dolor, de esperanza destruida.
Yo, en mi fuero
íntimo, agradecía ser un adulto y estar en Santiago, y no un niño en
Huentelauquén para soportar con mayor calma estos embates que nos daba el
fútbol.
El fútbol nos
hizo mierda por 5 años.
Cuando el equipo
del Comandante perdió en San Luis yo me fui a la cresta. Mi esperanza murió
nuevamente. Esa noche me costó quedarme dormido y empecé a despotricar por
redes sociales y con quien conversara.
El sábado, cuando
hizo el gol Fuenzalida, quedé para dentro. Empecé a caminar de aquí para allá y
no vi más el partido, sólo escuchaba.
Tenía las manos
en la cara y sólo quería que el partido de Católica terminara. Cuando acabó en
San Carlos me puse a llorar un poco. Tanta tensión soltada por un silbato final
que nos dejó a todos atentos a lo que pasaba en Rancagua.
Yo me decía: “esto
no puede estar pasando, no puede ser que hace 10’ teníamos todo perdido y ahora
estemos siendo campeones”.
Estaba esperando
el gol de O’Higgins. Algún pelotazo largo que no sacara la defensa y Bulos o algún central la metiera al arco y ojalá
ahí terminara rápido para poder ir a un desempate, aunque también tenía el temor
que los de Rancagua de inmediato hicieron el tercero y fueran campeones.
¡Pero no pasó
nada de eso! El partido se terminó en El Teniente y fuimos campeones.
De repente decían
en televisión que Católica era el nuevo campeón del fútbol chileno, y los
jugadores saltaban en la cancha, se abrazaban, festejaban.
Yo no aguanté más
la emoción y me puse a llorar como un niño de 10 años. Lloraba y lloraba. Me
acordé de todo. De mi familia, de Huente, de las burlas, del partido que le
ganamos a la U, de los sufrimientos recientes.
¿Por qué tantos
cruzados lloramos con este título?
Creo que porque
fue un desahogo, fue un grito de justicia, eran lágrimas de honor, de haber
resistido hidalgamente años tan difíciles.
El fútbol nos
hizo mierda por 5 años y aún así no dejamos de soñar, de tener esperanza, de
amar! De amar al club que llevamos en el alma.
De celebrar este
título tal vez yo no soy tan digno, fui un mal hincha, sin confianza,
despotricando ante la primera caída, pero mis hermanos cruzados, esos que
fueron al estadio el sábado lo merecen todo. Ellos merecían más que nadie
llorar de felicidad, pues en sus gritos estuvo la victoria del sábado y en
ellos se trasladó por 5 años un espíritu de rebeldía que permitió superar un camino
de fantasmas que no cualquiera cruza.
Hace 6 días
fuimos campeones, y no hay noche en que no trate de transportarme al momento en
que el Chapa hizo el gol y comenzó esa espera infinita que terminó con uno de
los llantos más felices de mi vida.
Cuántas veces
escribí acá emputecido, pero hoy no, hoy estoy orgulloso y feliz.
¡Por fin somos
campeones la conch$%$&·!
@JopiaGuerra
@JopiaGuerra
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