Cuando hayan terminado de leer, ya habré fallado el penal y nos habremos ido al descenso.
Hace 2 años era uno de los jugadores más queridos del equipo. Llegué
desde un humilde pueblo de Argentina a este país a buscar la gloria y el
dinero para ayudar a mi familia. En el primer año fui el goleador del
equipo y estuvimos en la parte de arriba.
No avanzamos mucho hacia el título, pero los hinchas me querían. Me
llegaron ofertas de un equipo de la capital, pero no me quise ir. El
dinero era un poco más, pero el cariño de esta ciudad y el respeto con
que me trataban los dirigentes me llevó a quedarme acá, donde estoy
ahora, sufriendo.
En el segundo año no sé qué pasó. Yo entrenaba tanto o más que en un
principio, pero en los partidos algo pasaba. Remataba con fuerza y se
iba muy lejos. Le pegaba suave y colocado y la pelota parecía despedirse
de la red para irse por un costado.
Fui perdiendo confianza. Ya no me atrevía a pegarle fuerte ni buscar los palos. Sólo le pegaba y le daba mal, mordido.
De ser un jugador querido, pasé a ser uno que puteaban. Lo pasaba
mal. Salía de los entrenamientos y los que antes me abrazaban y
felicitaban, ahora me gritaban que me fuera, que dejara de robar.
Mi hijo en la escuela también estaba triste, porque le gritaban, lo
molestaban. Mi esposa no podía ir a los partidos porque sufría.
Mi tiempo libre lo ocupaba solamente estando en casa pues no podía salir a ninguna parte. En esta ciudad ya no me querían.
Los meses fueron pasando y el equipo no ganó más. Tuvimos que ir a partido de promoción para salvar la categoría.
En el partido de ida igualamos 2 a 2.
En el partido de vuelta, en nuestra cancha íbamos perdiendo 2 a 1. Yo
había vivido todo el partido rezando. El cariño que le tengo a este
club sólo lo conoce mi familia y mis cercanos.
Estaba sufriendo hasta que el entrenador me manda a la cancha para
los últimos quince minutos. Me la jugué por entero. Cuando faltaban 4
minutos hubo un córner. Nuestro central se adelantó a todos y cabeceó,
el arquero la salvó apenas y el balón quedó dando botes en la línea. Yo
me metí corriendo con todo y me tiré de palomita. Le di y la metí, justo
cuando un rival me pegaba una patada entre la oreja y el mentón.
Quedé medio grogui. Me paré preguntando si era gol. ¡Sí era gol!
Lloré de felicidad. El fútbol por fin me daba una pequeña alegría.
Envalentonados fuimos a buscar el gol de la salvación, pero no alcanzó. A penales.
No estuve entre los primeros 5 designados, tampoco fui el sexto y sí me tocó ser el séptimo.
El equipo rival anotó y yo debía hacer lo mismo para seguir con la definición. Si fallaba perdíamos la categoría.
¿Cuántos penales habré tirado en mi vida? Desde mi infancia. ¿Unos mil?
Puse la pelota lentamente, decidí el lugar y le di lo más fuerte que
pude. El arquero voló al mismo lado y no alcanzó a sacar las manos, pero
la pelota le dio en el hombro, se levantó y tuve la ilusión que igual
entraba, pero salió hacia afuera, llegó al piso y arrancó del arco.
Fue el final.
Caí rendido. Llorando. Lloraba de pena, de rabia, de frustración.
¡Qué habrá sentido mi esposa en ese momento, mi madre que me miraba
desde Argentina!
Yo me quería morir. Mis compañeros fueron cayendo uno por uno, mientras los hinchas no tenían ni fuerzas para putearme.
Fallé el penal y sé que es el final.
Quedo solo en el camarín e intento escribir una carta de disculpas,
una carta para despedirme porque sé que ya no querrán contar conmigo,
pero sólo consigo escribir mi historia, la de un delantero que está
muerto en cancha.
Me enamoré de esta ciudad, de este equipo, pero ya no les serviré, ya
no me quieren, aunque si me preguntan a mí, me quedo por menos plata
para luchar por el ascenso.
Si el que lee es futbolista, entrene el doble, para no estar ni cerca
de lo que acabo de sufrir… si el que lee es hincha, no sea tan duro con
sus jugadores, porque al futbolista también se le rompe el corazón,
como a mí, que estoy muerto en cancha. ¿Cuántas veces muere un
futbolista?
@FJopia_CDF
Este es un espacio donde podemos hablar de fútbol, de táctica, de emoción, de recuerdos. Para que se hagan una idea de mi visión de fútbol, mis ídolos son Bergkamp y Robben; mis inspiradores: Cruyff y Bielsa. Admiro mucho a Guardiola y siempre digo "¡Que vida el fútbol! pero no todo el fútbol". Tengo diferencias irreconciliables con ideas y estilos que han sabido ser campeón, pero sé que en este deporte hay espacio para todo.
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