A propósito de
las desafortunadas palabras de Arrigo Sachi, quien señaló que “Italia está
perdiendo identidad al tener a tantos
negros en sus selecciones menores”, decidí pasar al papel una visión que vengo elaborando
ya hace tiempo.
Chile está
viviendo un amplio y nuevo proceso de inmigración desde países vecinos, donde estamos siendo tierra próspera (o no
tanto) para colombianos y ecuatorianos, quienes ven en este país un lugar para
mejorar el presente y también para proyectar un futuro esperanzador.
Ese futuro
esperanzador también nos lo podrían dar ellos en el ámbito futbolístico.
Suiza, por
ejemplo, en el periodo de guerras y disolución de la Gran Yugoslavia, recibió
inmigrantes bosnios, croatas, macedonios, albaneses, quienes comenzaron a tener
descendencia en su tierra de acogida a principios de los 90 y algunos de estos
ahora representan gran parte de la selección suiza en los torneos continentales y mundiales
(Shakiri, Seferovic, Drmic, Dzemaili, por ejemplo).
Alemania, por su
parte, recibió un fuerte arribo de trabajadores turcos cuando en la época de posguerra comenzó el
renacimiento industrial, y la mano de obra era escasa. Las autoridades abrieron
la frontera para el ingreso de trabajadores desde Turquía, quienes comenzaron
viviendo en malas condiciones, pero luego se fueron consolidando como parte de
la población con derechos y deberes.
Hoy en día el
seleccionado de fútbol alemán se nutre de sus inmigrantes para potenciar su
plantel. Fue campeón de la última Copa del Mundo con un hijo de trabajador
turco, Mesut Ozil, como figura, mientras que Gundogan (también de familia
turca) se perdió el mundial. Se suman otros de ascendencia polaca, como
Podolski o Klose, Sami Khedira de Túnez
y Boateng de Ghana.
En nuestro caso,
se nos abre una favorable posibilidad si nos damos cuenta que tanto
ecuatorianos como colombianos le pueden entregar al fútbol chileno un poderío
físico que hoy es escaso por un tema genético (basta ver la importancia de
Beausejour en su mejor momento).
Estamos, tal vez,
en el comienzo del escenario que nos llevará por fin a dar ese salto de calidad
que tanto necesita nuestro balompié para por fin ganar algo. Somos exquisitos
en técnica y cada vez más apasionados y disciplinados con la táctica, pero nos
falta el desequilibrio que nos entrega la potencia y la velocidad.
Esperemos que en
20 años más tengamos una mezcla perfecta entre clásicos jugadores chilenos, que
destaquen en técnica y garra, con hijos de inmigrantes ecuatorianos y
colombianos que le den a la selección nacional la fuerza y la velocidad que hoy
sólo tienen en Sudamérica jugadores como Armero, Cuadrado, Bacca, en Colombia,
o los dos Valencia en Ecuador.
En algún momento,
y finalmente, podremos ser campeones del mundo.
Luis Fabián Jopia
@JopiaGuerra
@JopiaGuerra
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