Son las 20:33 de la noche del domingo 26 de abril. Mi polola
se pasea incómoda por nuestro departamento. Yo estoy tendido en la cama con el
celular en la mano. A veces miro el techo.
Ella un par de veces, tímidamente, se acerca a ver si puede
hacer algo por mí y a recordarme que debo estudiar. El jueves tengo prueba de biología
y no he estudiado y eso es grave porque en el día no tengo tiempo para nada,
entre la pega y el estudio.
¿Esto le importa a alguien que me pueda leer? No creo. Y
pienso tampoco debiera importarle lo que necesito escribir.
En estos momentos no me atormenta ni el dolor, ni la rabia
ni la pena. No puedo llorar como en los torneos de los 90’s o esas semifinales
perdidas con la U. Española cuando ya estaba bien grandecito.
No me nace agarrar el celular y reventarlo contra la pared
como en ese partido que nos empató Iquique en la asquerosa estadía de Lasarte
(qué manera de pasarlo mal partido a partido), ni tengo deseos de matar a
alguien y desgarrarme gritando como el 2011 ni de salir a andar en moto
copeteado como en la final que perdimos ante O’Higgins.
Ahora me invade ese sentimiento de mierda que es mezcla
entre impotencia y miedo. Esa convicción asquerosa de saber que las cosas no
van a cambiar, de que nada bueno parece venir por delante, aun cuando tengamos
la suerte de tener un DT que no es perfecto, pero que tiene una mística que nos
hace emocionar.
No tenemos futuro. Esa es la única verdad que veo por
delante, y que me atormenta.
Venimos de 5 años de mierda, con títulos perdidos de manera
asquerosa, indecorosa y vergonzosa.
Ya no vale la pena detallar la sarta de ‘refuerzos’
uruguayos, argentinos y paraguayos que han llegado a fracasar con esta
camiseta.
Lo pasado es pasado, ya lo digerimos, ya lo sufrimos, ya la
pasamos mal por culpa de esas decisiones de mierda.
Ahora queda prepararnos para afrontar lo que viene, que es
más mierda.
¿Podemos ser campeones el próximo semestre? Claro que sí. Si
casi fuimos campeones en este, pero, ¿podemos ilusionarnos por un futuro
esplendoroso? Yo creo que no hay por dónde.
Católica debe tener como meta ganar una Sudamericana, en
Chile ser bi y tricampeones. Y de ahí ir por el título de la Copa Libertadores
para poder adelantar en algo a U. de Chile, porque estamos más cerca de
quedarnos en el grupito de equipos que vienen más abajo que de los que marcan pauta
en la historia de nuestro balompié.
¿Vamos camino a eso? No, no vamos. Si pasamos de Lasarte,
que es un DT que en Chile aprendió lo que es ser ofensivo y que tiene la
frontalidad como eje en su juego, partiendo de la seguridad defensiva, a Astudillo,
que es la demostración del patrimonio histórico del tipo de fútbol cruzado y que tiene generando jugadores
de ese estilo en el fútbol joven.
Luego de Astudillo llegó Falcioni (dejemos la forma en que
arribó de lado). Un DT que es lo contrario a Astudillo, lo contrario a lo que
ha sido la historia de la UC y también lo diametralmente opuesto a Salas. O
sea, usamos 3 estilos distintos en menos de 12 meses.
Lo que más me atormenta es sentir que en el interior del
club no hay conciencia de esto. No parece haber esa hambre de revancha, esa sed
de hacer justicia con la historia, de sacarnos el mote de segundón, de poder
mirar a la cara a nuestros archirrivales y decirles: ‘¡Nosotros también somos
tetracampeones¡’, ¡Nosotros ganamos la Libertadores!
No, ahora hay avances a pasito seguro, a contratar lo que se
pueda pagar con poquita plata, a buscar algo que haya funcionado en Perú,
Uruguay o en la mediocridad de los últimos años en Argentina apostando que acá
también debiera servir, total este es un club como cualquier otro.
Ahí el error. Este no es un club como cualquier otro. Es uno
con mucha historia, con muchas penas, muchas trancas, muchas frustraciones,
pero por sobre todo, con mucha rebeldía, con muchas ganas de por fin poner las
cosas en su lugar. Esto es Católica, se explica simplemente conversando con
hinchas que aman el club, con jugadores que han sabido conocer lo que de verdad
genera y representa Católica.
Mañana tenemos que
levantarnos a dar la cara. Los hinchas de verdad llevamos con orgullo diario
nuestro amor por el club, así que por eso los días tras la derrota hay que dar
la cara, con el dolor que eso implica.
Sí, es el colmo, pero sí, ¡nosotros somos los que debemos
dar la cara por otro fracaso del club!
Nos toca comenzar la semana con pena, con rabia y
frustración. Ojalá hubiese luz al final del camino, pero no, yo veo sólo
oscuridad.
Puede que seamos campeones el próximo semestre porque el
nivel del campeonato nacional es muy bajo y cualquier puede ganar, pero no
estamos en la senda de lo que Católica se merece y necesita.
Que tormento es ser hincha y no ser optimisma, pues estas cosas
van casi siempre de la mano. Hoy no, hoy el realismo me golpea con fuerza, más
de lo que duele perder una ventaja de 3 goles.
Termino de escribir tantas cosas que no le deben importar a
nadie, pero necesitaba hacerlo. Necesitaba sacarme esto, porque la
vida sigue, y debo continuar, debo estudiar, debo levantarme mañana y debo
quedarme dormido hoy, y no es fácil con todo esto encima.
Espero que alguien me entienda. Es egoísta querer que haya otros como yo en este
momento, es casi maldad, pero ojalá así sea, ojalá haya hinchas igual de cagaos
que yo, porque sentiré que a Católica no la están matando.
Este mismo sentimiento es el que terminará salvando a la UC,
más temprano que tarde. Sépanlo, anótenlo.
Católica no va a sumirse en la mediocridad mientras haya
hinchas que sufran más allá de lo que es sano sufrir.
Luis Fabián Jopia
@JopiaGuerra
@JopiaGuerra
Ejerciendo mi libertad de expresión.
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