¿Cómo no habrá un
hincha uruguayo que quiera jugar al fútbol y se rebele ante la única realidad
que le ofrece su país?
Esa que ensalza
un mito, una mentira, o verdad, no sé, pero da lo mismo, lo que ensalza es no
jugar, es sentirse menos que el resto, sin armas más que apretarse lo más
posibles los unos a los otros bien cerca de su arco, desde ahí luchar contra
gigantes todopoderosos, buscando alargar el partido a penales, o ganar con un
córner o una contra cuando al rival le flaqueen las piernas.
Cómo no va a
haber un uruguayo que diga, “ey, estamos jugando contra la Holanda del 74 o
contra Brasil del 70? Es Chile! Es un equipo con el que no tenemos por qué
achicarnos tanto y seguir mamándonos esa historia de superación que nos hace
olvidarnos de jugar al fútbol”.
Trato de entender
a los uruguayos, pero no puedo, menos luego de esa ausencia total de
autocrítica que han tenido después del partido donde fueron derrotados con
justicia y claridad absoluta, en un trámite y resolución que no merece otro
juicio que la aceptación máxima dentro de una lógica de partido que tuvo a un
equipo proponiendo, dominando, con un 80% de posesión de balón y generándose
acciones de gol, mientras el otro se limitó a intentar contrarrestar en su
cuarto de cancha, a buscar un pelotazo salvador y una posibilidad en el balón
parado, conformándose con la opción de llegar a penales.
Uruguay, estoy
seguro que ustedes pueden ser más que eso. No son San Marino o la vieja
Venezuela. Tienen jugadores técnicos, con dos piernas, inteligentes, que juegan
en las mejores ligas del mundo, entonces por qué tienen que venir a someterse a
Sudamérica ante el dominio del rival y apelar a lo más sucio que les presenta
el fútbol.
¿Por qué no
buscan acabar con ese mito que se cae a pedazos cuando pierden? Cosa que será y
ha sido muy seguido, porque el fútbol ha cambiado, ya no basta con encerrarse,
pegar y buscar el gol salvador.
En los últimos 5
años han vuelto a estar en el primer nivel merced a un jugador principalmente,
Diego Forlán, que triunfó en Europa ‘por jugar bien’ y los encaminó en el
Mundial de Sudáfrica en una ruta que los llevó a semifinales eliminando a
Corea del Sur y Ghana.
En Brasil 2014
fueron eliminados en octavos y en Corea-Japón 2002 no pasaron la fase de
grupos. Su última buena campaña había
sido en México 70 donde llegaron cuartos.
El periodista
Jonathan Wilson en su libro ‘La Pirámide Invertida’, elegido el mejor libro de
deportes del año 2012, habla en un momento de las viejas glorias y su declive,
señalando a Hungría, pero por sobre todo a Uruguay, “ellos sí que están en
decadencia, ganaron dos copas del mundo, juegos olímpicos, y ahora no son nada
en el mundo”.
Esa es la
realidad, el resto es mito, es historia, es pura vanidad.
El mito y la
vanidad hablan de garra, de sacrificio, pero es cobardía, es no querer mirar a
los rivales a la cara, no salir a jugar, es apelar a lo más fácil, que es
defender bajo el arco y buscar un
accidente en el área rival. Basta de eufemismos y de agrandar una historia que
lo fue, es innegable, pero hoy es una penosa realidad.
Hermanos uruguayos,
futbolísticamente no los entiendo, no puedo creer que les guste verse así ante
el mundo.
@JopiaGuerra comentemos en Twitter.
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