jueves, 25 de junio de 2015

Entendiendo un poco a los uruguayos

¿Cómo no habrá un hincha uruguayo que quiera jugar al fútbol y se rebele ante la única realidad que le ofrece su país?

Esa que ensalza un mito, una mentira, o verdad, no sé, pero da lo mismo, lo que ensalza es no jugar, es sentirse menos que el resto, sin armas más que apretarse lo más posibles los unos a los otros bien cerca de su arco, desde ahí luchar contra gigantes todopoderosos, buscando alargar el partido a penales, o ganar con un córner o una contra cuando al rival le flaqueen las piernas.

Cómo no va a haber un uruguayo que diga, “ey, estamos jugando contra la Holanda del 74 o contra Brasil del 70? Es Chile! Es un equipo con el que no tenemos por qué achicarnos tanto y seguir mamándonos esa historia de superación que nos hace olvidarnos de jugar al fútbol”.

Trato de entender a los uruguayos, pero no puedo, menos luego de esa ausencia total de autocrítica que han tenido después del partido donde fueron derrotados con justicia y claridad absoluta, en un trámite y resolución que no merece otro juicio que la aceptación máxima dentro de una lógica de partido que tuvo a un equipo proponiendo, dominando, con un 80% de posesión de balón y generándose acciones de gol, mientras el otro se limitó a intentar contrarrestar en su cuarto de cancha, a buscar un pelotazo salvador y una posibilidad en el balón parado, conformándose con la opción de llegar a penales.

Uruguay, estoy seguro que ustedes pueden ser más que eso. No son San Marino o la vieja Venezuela. Tienen jugadores técnicos, con dos piernas, inteligentes, que juegan en las mejores ligas del mundo, entonces por qué tienen que venir a someterse a Sudamérica ante el dominio del rival y apelar a lo más sucio que les presenta el fútbol.

¿Por qué no buscan acabar con ese mito que se cae a pedazos cuando pierden? Cosa que será y ha sido muy seguido, porque el fútbol ha cambiado, ya no basta con encerrarse, pegar y buscar el gol salvador.

En los últimos 5 años han vuelto a estar en el primer nivel merced a un jugador principalmente, Diego Forlán, que triunfó en Europa ‘por jugar bien’ y los encaminó en el Mundial de Sudáfrica en una ruta  que los llevó a semifinales eliminando a Corea del Sur y Ghana.

En Brasil 2014 fueron eliminados en octavos y en Corea-Japón 2002 no pasaron la fase de grupos.  Su última buena campaña había sido en México 70 donde llegaron cuartos.

El periodista Jonathan Wilson en su libro ‘La Pirámide Invertida’, elegido el mejor libro de deportes del año 2012, habla en un momento de las viejas glorias y su declive, señalando a Hungría, pero por sobre todo a Uruguay, “ellos sí que están en decadencia, ganaron dos copas del mundo, juegos olímpicos, y ahora no son nada en el mundo”.

Esa es la realidad, el resto es mito, es historia, es pura vanidad.

El mito y la vanidad hablan de garra, de sacrificio, pero es cobardía, es no querer mirar a los rivales a la cara, no salir a jugar, es apelar a lo más fácil, que es defender  bajo el arco y buscar un accidente en el área rival. Basta de eufemismos y de agrandar una historia que lo fue, es innegable, pero hoy es una penosa realidad.


Hermanos uruguayos, futbolísticamente no los entiendo, no puedo creer que les guste verse así ante el mundo.

@JopiaGuerra comentemos en Twitter. 

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