martes, 30 de junio de 2015

Del maracanazo, a los mariconazos

Uruguay, Uruguay, Uruguay… ¿cómo era esa historia tuya que cuentan?

Esa de un equipo que  logró silenciar a casi 200 mil personas en el Maracaná en el Mundial de 1950, derrotando a Brasil en el partido final cuando a los anfitriones les bastaba un empate para ser campeón.

Hecho real que se transformó en leyenda y construyó un mito a su alrededor. El de la garra charrúa, de una raza especialmente luchadora y predestinada para aparecer cuando las circunstancias fueran lo más desfavorables posibles.

65 años después, todo lo construido por un grupo de héroes y defendido por generaciones tras generaciones amenaza por ser acabado por un montón de futbolistas que parecen haber adquirido ese mensaje con una disociación fundamental en los conceptos de coraje y ‘resultadismo’.

En lo futbolístico, ser uruguayo, hoy por hoy, significa amar por sobre todas las cosas el triunfo, buscar a como de lugar la recompensa máxima que puede dar un partido de fútbol o un campeonato.
Como es imposible ganar siempre, más para un equipo donde no abunda el talento, el coraje con que sus seleccionados afrontaban todos los encuentros fue el premio de consuelo para una nación que ama el fútbol y se emociona al ver a sus jugadores dejar todo por la camiseta, olvidando casi por completo el aporte futbolístico que puedan entregar.

Uruguay sabía a lo que jugaba y estaba dispuesto a pagar las consecuencias. Los conceptos de ‘resultadismo’ y coraje eso sí, se olvidaban casi siempre que los resultados no eran los esperados. Malos perdedores como los argentinos o brasileños.

Pero todo el respeto que se habían ganado por años permitía que el medio les aguantara siempre su mal actuar y, es más, se les metía dentro del contexto de ‘garra charrúa’.

No obstante, lo ocurrido en el partido de cuartos de final ante Chile por la Copa América 2015, y especialmente, las reacciones de los días posteriores comienza a escribir otra historia en el fútbol uruguayo, la de los mariconazos.

Un hecho real que se transformará en leyenda y que contará la historia de un grupo de seleccionados y exseleccionados que no conformándose con la justa derrota que le dio un equipo sin títulos, se dedicó a llorar por todos los medios posibles, quitándole merecimientos a un equipo que los bailó, olvidando por completo la forma en que jugaron e intentando culpar al árbitro cuando ellos se dedicaron a patear de manera grosera.

Este grupo de jugadores mostró un comportamiento demencial, fuera de sus facultades mentales. Vieron y jugaron un partido que sólo existió en sus cabezas.

Traicionaron la ‘garra charrúa’ al disociar los conceptos de ‘resultadismo’, siempre presente;  y de coraje, olvidado completamente, dándole lugar a la cobardía durante el partido y al llanto en las horas y días posteriores.

Hemos presenciado la aparición de los del ‘mariconazo’, 65 años después de una de las gestas más grandes de la historia del fútbol. Así es cómo se puede tirar por el suelo toda una vida de orgullo y respeto.


Charrúas, denle las gracias a Giménez, González, Fucile y también a Chevantón, Lugano, ellos son los culpables de que hoy sigan llorando por tuiter en vez de pensar en cómo vuelven a ganarse el respeto perdido. 

Luis Fabián Jopia
@JopiaGuerra

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